martes, 11 de agosto de 2009

En la carcel y en le hospital...

Por una parte, dicen que en el hospital y en la cárcel se conocen los verdaderos amigos, y la verdad es que si (y no eh estado recluida).

Bueno, comenzando por lo más sencillo, estuve enferma a un grado del hospital, irremediable, mal plan, pero creo que bien aplica el dicho de “perra mala nunca muere” y si no iba así, es como me quedo esta ocasión. En verdad que nunca me había sentido tan mal, y eso que soy achacosa.

El punto es que al día de hoy y desde hace como 2 meses mi vida no ah podido ser normal porque definitivamente debo de comer caldo de pollo, verduritas, frutas y NADA de irritantes, ni picante, ácidos, ni nada que le ponga sabor a mi vida, esta vida no es vida.

Antes decía, no puedo beber, no puedo comer y mi novio lejos, esta vida no es vida. Ahora lo puedo resumir en que no puedo beber ni comer… Ya no tengo novio.

Bueno, vayamos por partes, esta del carajo estar enferma, siendo publirrelacionista y no poder beber más que agua natural, ni siquiera jugo de durazno porque me hace un daño, como si necesitara un exorcismo inmediato.

Esta siendo difícil, pero me estoy acostumbrando, a “comer sano”…

Es una monserga no poder comer ni beber lo que se te antoja ni nada. Pero bueno, gracias a mis amigos que estuvieron ahí cuando me estaba retorciendo del dolor.

A Cheko por conseguirme mi camita cómoda y preocuparse por como amanecía día con día, a Chivy por llevarme al médico y poner a su mama a cocinar un reconfortante caldito de pollo, y al Vakero por comprarme mis jeringas cuando se terminaron, ya que de 3 inyecciones al día, se terminan rápido, además de cuidarme a ratos en las noches que mas mal me ponía, a Camel por llamar diario para saber cómo seguía y sugerir lo que podría comer, creo que fueron todos.

Porque a lo que se refiere a las lindas de mis room mates solo una tuvo el gentil gesto de trasladarme cruzando la ciudad por mis medicamentos y la otra solo cuestionaba como salían las cosas para mi recuperación, de ahí en más nada, bueno ni que decir de mi querida progenitora, que tuvo mil cosas que hacer que ni verme o preguntar como seguía, de esas actitudes que te responden en dos segundos por que somos una familia disfuncional.

En verdad que si me sentí muy devaluada por no tener gente con quien realmente contar cuando pasa algo grave, pero pues como dije al principio, en la cárcel y el hospital es donde se conocen a los verdaderos amigos.

De cualquier manera ya lo sabía, un poco pero ya lo sabía…

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